Boca y Vélez eran las dos caras de la misma moneda y no por el presente de cada uno que lo tiene en polos opuestos de la tabla sino por lo que vienen haciendo durante el último tiempo.
Este era un partido determinante para Borghi y lo dijo. Mientras que en la vereda de enfrente las cosas son completamente diferentes. No lo condiciona un resultado, no depende de un triunfo para trabajar tranquilo durante la semana y eso precisamente es lo primero que lo hace diferente. Es un equipo sencillo, que de tan común es raro. Es un conjunto ya armado, sólido, solidario. Donde se van y vienen jugadores y la estructura no tambalea, por el contrario: se ensamblan. Y tan común porque elogiar a Vélez es un lugar común hoy. ¿Quién no habla bien de los dirigos por Gareca?
Boca en cambio, es la contracara. Ya no resulta raro ver a este Boca sin pelear por grandes cosas. Sin embargo, esto no significaba necesariamente que el equipo de Borghi no pudiera derrotar a Vélez. Porque este Boca errante, desintegrado y asfixiado por las presiones podía iniciar la necesaria levantada si conseguía bajar a uno de los líderes y finalmente lo hizo. Cuando la lógica, si es que existe en el fútbol, estaba del lado de Vélez, que hoy está muy por encima de este Boca y probablemente del resto de los equipos también la realidad mostró otra cosa. La patriada fue posible le tocaron el orgullo a los locales y salieron con todo para ganar por 2-1 y obtener el primer triunfo del torneo. Si no amplió el marcador fue porque su propio apuro no le permitió alcanzar la suficiente precisión.
Pero la noticia no es sólo que Boca haya logrado sumar de a tres sino también lo de Vélez. Lo del Fortín sorprendió, pareció que subestimo al rival y creyó que con la actualidad y la realidad de ambos bastaba para llevarse los tres puntos.
Las presunciones se van por la borda cuando el equipo que venía haciendo muy bien las cosas se levanta con el pie izquierdo y el otro, el que parecía que venía debilitado juega en un gran nivel.
El encuentro arrancó con un error enorme del árbitro Gabriel Favale, quien no cobró un penal clarísimo. Matías Giménez se metió en el área, le ganó la espalda a Augusto Fernández y este, que parece no verlo, le pegó una tremenda patada en la rodilla al darse vuelta.
Boca sacó su fuerza anímica y la decisión de la que carecía en las fechas anteriores. El 2-1 no expresa las diferencias; por el contrario, en los últimos minutos la visita descontó y en la última jugada estuvo a punto de llevarse un punto, injusto por cierto.
Los Xeneizes sintieron que había llegado a una situación límite y jugaron en un muy buen nivel en todas las líneas, principalmente de Battaglia y Viatri que no sólo hicieron los goles sino que también jugaron muy bien.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario