Si nadie la quiere, me la quedo…Podría ser seguramente lo que dijo San Lorenzo cuando terminó la séptima fecha y se vio, sólo, en lo más alto de la tabla de posiciones. Es que parecía difícil esta situación ya que el Cuervo llegaba como escolta de tres punteros, tres pesos pesados que no pudieron hacer mucho. Estudiantes y River cayeron y el empate de Vélez no alcanzó.
De entrada parecía que tenía el partido menos chivo sin embargo al Falcon se le complicó la tarde con Olimpo, que por momentos fue mejor que el Ciclón, incluso comenzó ganando el partido. Pero Ramón Díaz metió mano, mostró trabajo con pelota parada y con dos cabezazos su equipo dio vuelta la historia.
Es que el Pelado dispuso el ingreso de Sebastián Luna por Fernando Meza. Cambió la línea de tres en el fondo por una de cuatro hombres y logró mejorar la salida con Luna y Aureliano Torres en los laterales. En general, Ramón Díaz no estuvo identificado como un técnico en el que predomina la táctica y sus méritos corrían por otros carriles en su River súper ganador o en el San Lorenzo campeón del Clausura 2007 con equipos más que reforzados.
Sin embargo, en este equipo del Ciclón, con menos recursos en su plantel, el riojano saca a relucir otra cara: cambia el esquema constantemente, según las exigencias del partido, y en los cinco partidos en los que marcó goles en el Apertura anotó siempre alguno de pelota parada.
Sabe que si no logra el objetivo, nadie podrá cuestionarlo porque no fue uno de los más beneficiados cuando el mercado de pases estaba abierto apostó por Balsas, por Pipi Romagnoli y por Tula y mal no le fue. Sabe cargarse las presiones y sacarle peso a los jugadores, quienes de bajo perfil le siguieron incluso el chiste del Falcon y la Ferrari. Así, con poco presupuesto y mucha astucia, el Pelado puso a San Lorenzo en lo más alto por primera vez en el torneo.
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